Agnes Kharshiing es una defensora de los derechos humanos que desde hace mucho tiempo alza la voz por las víctimas de la violencia doméstica, el abuso infantil y sexual y la corrupción en su estado natal de Meghalaya, India.

Agnes también denuncia públicamente los problemas ambientales y las terribles condiciones de trabajo en las minas ilegales de carbón en las colinas de Jaintia de Meghalaya. 

A estas minas se les conoce como “agujeros de rata” porque forman una red de peligrosos túneles donde los trabajadores se arrastran en espacios estrechos. Estos túneles atrapan y matan a los mineros–incluyendo a niños- y, según Agnes, contaminarían el aire y el suelo circundante.

Aunque el gobierno indio prohibió la explotación minera en 2014, ésta se sigue practicando. El transporte ilegal de carbón, especialmente a través de la frontera con Bangladesh, también persiste y estaría supuestamente operado por una “mafia del carbón”. Muchos funcionarios locales parecen estar directamente involucrados o beneficiarse indirectamente de este grupo y de su comercio ilegal.

El 8 de noviembre de 2018, mientras documentaban el transporte ilegal de carbón, Agnes y su colega fueron brutalmente atacadaspor unas 30-40 personas. 

Agnes sufrió graves heridas y estuvo alrededor de un mes en el hospital. Un mes después, un líder del Partido Popular Nacional (PNP) en poder, y el presidente de la Asociación de Propietarios y Conductores de Camiones de Jaintia Hills, acordaron cooperar con la policía e investigar el ataque.

El Relator Especial de la ONU sobre la situación de los defensores de los derechos humanos, Michel Forst, publicó un informesobre los crecientes ataques contra las personas, como Agnes, que luchan por el medio ambiente. 

“Estoy extremadamente preocupado y consternado por el creciente número de ataques y asesinatos de defensores del medio ambiente, pero también por la continua resistencia de los Estados a actuar frente a las atroces violaciones a sus derechos humanos”, dijo.

Pidió a los Estados y a la comunidad internacional que empoderen, protejan y que no repriman a las y los defensores que alertan contra los desastres ambientales, el cambio climático y la explotación irresponsable de los recursos.

Agnes, sigue en pie de lucha. La amenaza de muerte no la disuadió.

“El ataque me ha hecho estar aún más segura de lo que estoy haciendo y de por qué debo continuar. Mi lucha es por los pobres, por la supervivencia de nuestro pueblo y por el medio ambiente. Si el gobierno cumple con su deber, no habrá necesidad de gente como nosotros”. 

Envíale a Agnes un mensaje de solidaridad a continuación.